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viernes, 19 de julio de 2024

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DCLXVIII). Domingo XVI del Tiempo Ordinario


Estos domingos hemos ido viendo en la lectura del Evangelio al Señor Jesús y a los apóstoles predicando la buena noticia del Reino de Dios. Hoy los vemos volver de su misión –si recordáis, la semana pasada veíamos como Jesús los enviaba a predicar por Israel curando enfermos, expulsando demonios, y predicando la conversión-, y se nos abre un poco la intimidad de Jesús con sus elegidos, en un intento de retirarse a descansar. Pero el corazón de Buen Pastor de Jesús no se desconecta, ya que el Evangelio nos cuenta que vio una multitud y se compadeció de ella porque andaban como ovejas que no tienen pastor.
Pues bien, esa imagen de Jesucristo como pastor del pueblo de Dios es el centro de las lecturas de hoy. En Él se cumple la profecía de Jeremías de que, frente a los dirigentes de Israel que lo han pastoreado mal y lo han dispersado, Dios promete un pastor bueno que reunirá a las ovejas. Y es que, como podemos apreciar, Cristo, en su vida, ya fue un pastor siendo cercano a la gente. Y mediante la cruz, uniendo en uno solo a los dos pueblos –judíos y gentiles- dio muerte al odio. Es el Señor quien nos hace descansar en verdes praderas, nos lleva a recostarnos cerca de fuentes tranquilas y nos guía por senderos justos por el honor de su nombre.
Pidamos, pues, a la Virgen María, que sepamos acercarnos a descansar con Jesús, que cada domingo nos invita a escuchar su Palabra de Vida, y a disfrutar de su compañía, para que así, encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveremos siempre en sus enseñanzas cumpliendo sus mandamientos.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.

viernes, 12 de julio de 2024

REFLEXIONES DE LA PALABRA (DCLXVII). Domingo XV del Tiempo Ordinario

 
En el evangelio de este domingo se nos habla del envío de los apóstoles. Jesús, nos dice san Marcos, los había elegido para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar.
Mirad, Jesús, siguiendo el estilo de los antiguos profetas, como Amós, recorría los pueblos anunciando la buena noticia del Reino de Dios, y quiso que sus discípulos hicieran lo mismo: predicar, expulsar los demonios y curar. Para ello reciben unas instrucciones; instrucciones que conservan su valor en todo y lugar: han de actuar confiando tan solo en Dios y en la fuerza del mensaje que llevan.
Pues bien; también hoy Jesús nos llama y nos envía a anunciar el Reino de Dios. A cada uno desde su lugar. Y a cada uno nos da una misión. Y no hay razón para que intentemos escaquearnos de este encargo. Si os fijáis, en la primera lectura el profeta Amós quería justificarse diciendo que era un simple pastor. También nosotros empleamos la excusa de que no sabemos hacer las cosas para no aceptar el compromiso de la llamada y del envío que hemos recibido en el Bautismo, cuando fuimos marcados por el Espíritu Santo. Cada uno, en una comunidad, tiene que aportar lo que tiene, los dones que Dios le ha dado. Ninguno somos precisos, es verdad; pero todos somos necesarios.
Vamos a pedirle, pues, a la Virgen María, que sepamos anunciar el evangelio sobre todo con nuestra vida, sin superficialidad, sin crearnos necesidades superfluas –que es a lo que se refiere Jesús cuando dice que vayan sólo con un bastón, sin pan, ni alforja, ni dinero suelto-, y así todos puedan saber que Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo, ya que, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.