Hoy, como es costumbre el anunciar las fiestas móviles del
año, como acabamos de hacer, toca ser breve por necesidad, sobre todo si
después de una Misa, uno tiene que coger el coche, ponerse en la carretera, y
marchar a otro pueblo a comenzar otra celebración de la Eucaristía.
Por eso os diré simplemente que, si el día de Navidad,
celebrábamos la manifestación de Jesús al pueblo judío, representado en los
pastores de Belén, hoy celebramos su manifestación a todos los pueblos de la
tierra, representados en los magos de Oriente. Si el día de Navidad celebrábamos que a Dios no le importa hacerse uno
de los nuestros, que no le importa instalar su tienda en nuestro mundo, hoy
celebramos la meta gozosa de quienes le buscan. Es nuestro misterio y el de
tantos hombres que, incluso fuera de la Iglesia, buscan a Dios por caminos
muchas veces tortuosos. Camino largo y duro, en el que debemos fiarnos solo del
parpadeo de una estrella, de una luz entre miles de resplandores que nos
ofertan caminos más fáciles y, sobre todo, más cortos; pero falsos.
Y si los magos de
Oriente, tras haber encontrado al Niño y haberse postrado ante Él,
reconociéndolo como Dios y adorándolo, se volvieron a su tierra por otro
camino, también nosotros debemos volver a nuestras casas por otros caminos. Si
de verdad nos hemos encontrado con Dios, ya no podemos ir por el camino del
odio o de las manías a los otros, del temor, de las dudas o del miedo... Ahora
debemos ir por el camino de la alegría, de la fe, del amor, como hombres y
mujeres nuevos, con nuevas esperanzas.
Que los Reyes Magos
nos traigan, pues, a todos, el regalo de buscar siempre a Dios, de descubrirle
como nuestro Rey, ofreciéndole nuestra vida, y de, como ellos, llevar una nueva
vida de testigos; de testigos que han encontrado al Señor.
Mn. Ramón Clavería Adiego;
Director espiritual de Abril Romero.
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